Puerto Peñasco es una ciudad acostumbrada a recibir visitantes, abrir restaurantes y generar empleos alrededor del turismo. Sin embargo, todavía queda una pregunta pendiente: ¿qué oportunidades encuentran las personas neurodivergentes cuando llegan a la vida adulta?
En El Comedero Azul, esa respuesta comienza a construirse. El proyecto surge de la colaboración entre El Comedero, una empresa local de alimentación que ofrece comida de calidad a precios accesibles, y Fundación Educarte, organización que acompaña a niñas, niños, jóvenes y familias de Puerto Peñasco.
Jóvenes del programa de Transición a la Vida Adulta participan aquí en un entorno real de trabajo. Aprenden a seguir instrucciones, preparar alimentos, organizar espacios, colaborar con otras personas y cumplir responsabilidades. No se trata de mantenerlos ocupados, sino de fortalecer su autonomía, su confianza y su preparación para la vida.
Al frente del proyecto se encuentra el chef Eduardo Escalante, quien también se reconoce como un “papá azul”. Desde su experiencia familiar comprendió que las terapias y la educación son fundamentales, pero también que las niñas y los niños crecen. Con el tiempo aparecen nuevas preguntas sobre trabajo, ingresos, independencia y participación en la comunidad.
El Comedero Azul nace, en buena medida, de esa preocupación. Es un espacio donde los jóvenes pueden aprender a su propio ritmo, equivocarse, volver a intentarlo y asumir responsabilidades reales con acompañamiento.
La inclusión laboral no consiste en colocar un uniforme, tomar una fotografía y afirmar que una empresa es incluyente. Significa reconocer capacidades, adaptar procesos y abrir oportunidades verdaderas. En una ciudad con hoteles, restaurantes, comercios, oficinas y servicios turísticos, existen muchos espacios donde podrían desarrollarse prácticas acompañadas para personas neurodivergentes.
Fundación Educarte ha construido un proceso que comienza desde edades tempranas. Cuenta con CATI, un centro de rehabilitación y terapia, y con la Escuela de Victoria, la primera escuela de educación especial de nivel básico en Puerto Peñasco. El Comedero Azul representa el siguiente paso: tender un puente entre la educación y la vida adulta.
Además, funciona como una empresa social. Parte de sus ingresos se destina a fortalecer los programas de Fundación Educarte. Cada consumo contribuye a sostener educación, terapias y acompañamiento, pero su mayor impacto ocurre dentro del establecimiento: jóvenes que aprenden, ganan seguridad y descubren que su trabajo también tiene valor.
Puerto Peñasco quiere crecer, atraer inversiones y generar más empleos. Pero una ciudad no se mide solamente por sus visitantes, hoteles o restaurantes. También se mide por las oportunidades que abre para quienes históricamente han quedado fuera.
Acomodar una mesa, preparar un alimento o cumplir una tarea puede parecer algo cotidiano. Para un joven y su familia puede representar un paso enorme hacia la autonomía.
El Comedero Azul ya abrió una puerta. El siguiente reto es que más empresas, instituciones y ciudadanos de Puerto Peñasco estén dispuestos a hacer lo mismo.
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